Esta pagina está dedicada a todos los que nos gusta escribir, a todos los que sentimos la poesía, y también la prosa, en nuestra alma. A los soñadores, a los que perdimos algo en el camino. Es un homenaje al amor, al desamor y a la propia vida. Va por todos los desconocidos que cada noche robamos un ratito de nuestro sueño para plasmar nuestros sentimientos...
(Podéis escribir vuestros poemas en "comentarios" y serán publicados si lo deseáis)

sábado, 30 de marzo de 2013

SEVILLA EN LA MADRUGÁ...


Viernes Santo, viernes de dolor...
Un grito desgarrador rompe el silencio de la noche
El paso se detiene en la mecida, y una voz rota, provoca un escalofrío:
“La saeta,
el cantar al Cristo de los gitanos,
siempre con sangre en las manos, siempre por desenclavar..”

Entre el silencio y el canto, se escucha como un susurro
el jadeo de los costaleros, exhaustos y magullados,
todos en uno, fundidos en el amor a un ideal, a una promesa,
henchidos de emoción, reposando unos minutos en la arriada,
mientras una lágrima corre por sus mejillas, esperando la levantá

Huele a cera...
Cientos de chispeantes velas, alumbran cálidamente
al Cristo en la cruz, y a la madre llorando a sus pies.
Me invande un profundo respeto, algo inexplicable,
y observo extasiada la imagen que tengo ante mí del hombre crucificado.

El rostro de talla de madera, de una belleza sobrenatural,
refleja el dolor indescriptible de un cuerpo lacerado, exhausto,
pero lleno de ternura, de amor, de perdón.
Unas gotas de sangre cubren su frente circundada por la corona
de espinas cuyas púas penetran cruelmente sobre el cráneo perfecto de cabellera larga y ondulada.

Los brazos, abiertos, muestran el hueco de la axila,  tenso y arqueado,
que soporta el terrible peso del hombro, rígidos para evitar el desgarro de las palmas clavadas en la cruz.
De complexión delgada, pero fuerte, el pecho desnudo, surcado por una profunda llaga, parece ir a henchirse de aire de un momento a otro.

Un ligero lienzo cubre su sexo de hombre vulnerable, y los muslos, fuertes, marcan cada músculo en tensión, al sujetar el cuerpo casi sin vida que tiende a vencerse hacia delante.
Las piernas están cruzadas en actitud de reposo; un pié sobre el otro, unidos por el yugo del clavo infame, símbolo de la mayor perversidad humana.

Aunque lo más impactante son los ojos; la mirada doliente, con una mezcla de súplica y pasión que parece penetrar en las entrañas.
Es una mirada intensa, de auxilio, retadora al mismo tiempo...
pero es una mirada sin odio...

Viernes Santo, viernes de dolor...
Un grito desgarrador rompe el silencio de la noche
El paso se detiene, y una voz rota, nos hace llorar de emoción
“La saeta, el cantar al Cristo de los gitanos,
siempre con sangre en las manos, siempre por desenclavar...”

“No sé si verdaderamente eres el hijo de Dios”,
No sé si todo esto tiene sentido, como tampoco sé si tuvo sentido en su día, Pero hoy he visto en ese rostro, al hijo que ninguna madre quisiera perder.
al sufrimiento de quienes dieron la vida por los demás,
al joven que lucha por sus ideales, a pesar de la mano justiciera,
He visto en ese rostro, el perdón, la entrega, el amor en mayúsculas,
Y he sentido un profundo respeto, y he llorado, y después me he sentido redimida...

Viernes Santo, viernes de dolor...
Se hace el silencio.
Tres golpes del capataz, unos segundos de concentración, y todos a una: la levantá, extremecedora, brutal...
El Cristo avanza lentamente entre la multitud como sí él mismo fuese caminando, sobre el calvario de los costaleros, al compás del repique de tambores...

Viernes Santo, la madrugá.