
Sale el sol, la vida se renueva, comienzan a brotar tallos y flores con exuberancia, la sangre bulle, se despiertan los sentidos…
Apetecen largos paseos evocando otras primaveras. Mi corazón herido late más deprisa. Miro al cielo, y siento que a pesar del daño que le han hecho, está lleno de amor. Un amor inmenso que lo ocupa todo…
La tibieza del sol acaricia mi piel, y me estremezco, pensando en caricias olvidadas, en besos perdidos, en un abrazo infinito…
Con frecuencia decimos que las palabras quedan ahí, grabadas para siempre, pero no es verdad, las palabras se las lleva el viento. Sin embargo, las caricias sí quedan, y cuando se ha amado de verdad, cada poro de la piel sigue impregnado con el olor de la otra piel, y cada beso permanece en la boca, y eso, nada ni nadie lo puede borrar.
Cierro los ojos, y me imagino tumbada en la arena, escuchando el murmullo del mar, sintiendo el calor de un cuerpo a mi lado, soñando con un pequeño paraíso que construimos juntos…
El mar, su olor, las olas… risas y susurros en noches de pasión en la penumbra de una pequeña habitación aislada del mundo…Vuelvo a la tierra. Mi paso es firme, y aún queda un largo camino por recorrer. No sé si habrá otras caricias, otros besos, otras noches infinitas, pero abro mis brazos a este sol, y a esta recién estrenada primavera, que me hacen sentir viva de nuevo.


