Huele a tierra mojada, y a leña. Las tardes soleadas invitan a largos paseos por caminos alfombrados de oro y grana. El murmullo del viento incita a soñar en un bosque mágico, los ecos de otros bosques, dónde la vida empieza a esconderse para resguardarse del invierno que se avecina. Huele a setas, a granadas, a membrillo, a higos y castañas. Florece el ciclamen, el pensamiento, la violeta y el crisantemo, añadiendo colorido a los días cada vez más cortos. Es tiempo de buñuelos, de ánimas, de macabros disfraces burlando a la muerte. Tiempo de cementerios floridos, de atardeceres ocres, difuminados por un breve rayo de sol. Es tiempo de recogerse, de almacenar, de prevenir...
(OCTUBRE 2008)
(OCTUBRE 2008)
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