Tú no eres el primero, Guillermo,
Ni el único en mi corazón,
Pero sólo Dios sabe cómo te quiero,
Querido hijo, pequeño inocente,
Nacido del amor.
Te buscamos en primavera,
Y te elegimos varón,
Y el destino quiso que así lo fueras,
Para llenarnos de dicha y de satisfacción.
Naciste rodeado de felicidad,
Tuviste un hogar hermoso,
Y aunque fue por poco tiempo,
Nos hiciste muy dichosos.
¡Pobre pequeño corazón herido!
Qué pronto conociste el dolor,
Apenas un mes cumplías,
Cuando tu padre murió.
Yo me derrito en lágrimas,
Amor y odio es mi lucha,
Pero tú estás ahí,
Calmando todas mis dudas,
Y sonrío cuando te miro,
Porque eres tan sólo un bebé,
La inocencia, el amor más puro,
Y esa sabiduría suya, que en tus ojos ya se ve.
Y habrás de crecer fuerte y sano, hijo mío
Luchar y aprender a sobrevivir,
Porque el hombre que se ha ido,
Me lo ha dejado todo en ti.
(1985)
No hay comentarios:
Publicar un comentario