Hay un proverbio judio que dice: "Dios no puede estar en todas partes, por eso creó a las madres" (Michael Powel).
Es curioso, que muchos hombres no entiendan nuestra faceta de madres, cuando ellos, también tienen una.
Y es que ser madre, no significa sólo parir, amamantar, o cambiar pañales. Ser madre es dar vida, y esa vida, que es una parte de tí, un trocito de tu carne, sientes la necesidad de cuidarla y protegerla siempre. La madre, no se hace cuando nace el hijo, sino desde el mismo momento de su concepción, en el que ya empieza una larga y estrecha relación, en la que sientes como ese niño crece por momentos dentro de tí, en la que el contacto es tan íntimo, que no hay nada comparable.
Por eso a nadie le debe extrañar esa frase que decimos muchas "Yo mataría por mis hijos", por eso, las madres entendemos a esas madres de enfermos, de delincuentes, o de alcohólicos y drogadictos, que se olvidan de su propia vida para salvar la de su hijo, y por eso, nuestra felicidad, está en la de ellos.
Hoy, quiero dedicar unas palabras a la mía:
"Aún recuerdo, siendo apenas un bebé, cuando se iba papá a trabajar y me iba a tu cama para abrazarme muy fuerte a tí y sentir tu olor y tu calor. Luego jugábamos juntas porque tú eras casi una niña, una mujer de gran belleza, y yo deseaba crecer y ser como tú. Recuerdo cuantas noches has pasado en vela cuidándome, cuantas horas juntas, sentada junto a mí, cosiendo, contándome historias... Recuerdo cuando iba contigo de la mano, a la compra, y a pasear, y me enseñabas cómo era la vida. Luego, llegó la adolescencia y me rebelaba contra tí, porque no te entendía.
¡Cuantas lágrimas habrás derramado, cuanta lucha! Y sin embargo, siempre estabas ahí cuando más te necesitaba.
Después, yo también fuí madre, y empecé a entenderte, a quererte más, a admirarte... Fuiste mi amiga y consejera, y reíste con mi alegría y sufriste con mi sufrimiento, y entonces sentí tu apoyo como nunca, y tu vida se volcó en la mía.
Hoy sigues siendo una mujer muy bella, que nunca igualaré, y esa gran amiga, en quien de verdad puedo confiar, la única que sabe cómo soy, y cuáles son mis defectos, la única que lo da todo sin esperar recibir nada.
Fuerte y valiente ante la adversidad y la enfermedad, de quien aprendo cada día algo hermoso, tu vida sigue siendo la nuestra, la de tus cuatro hijos, que cada vez te necesitamos más.
¡Dios te guarde muchos años, mamá"!
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