Los nidos están llenos de pajaritos que empiezan a despertar, y me acompaña un armonioso jolgorio.
Abro caminos nuevos, entre miles de flores y plantas aún húmedas, que mojan mis pies, y miro al cielo; ese cielo que nunca es el mismo, y que hoy está especialmente bello, con nubes enormes, suaves, de algodón, entre las que se filtran los rayos del sol, que se reflejan en la montaña majestuosa.
Respiro profundamente el aire limpio, y descubro mil colores que ninguna paleta de pintor podría igualar. Y esos verdes... pálidos, brillantes, vivos, intensos... Y siento como se renueva la vida, también en mí.
La tarde es magnífica; los campos son los mismos, y los árboles, y las montañas...
Abro caminos nuevos, entre miles de flores y plantas aún húmedas, que mojan mis pies, y miro al cielo; ese cielo que nunca es el mismo, y que hoy está especialmente bello, con nubes enormes, suaves, de algodón, entre las que se filtran los rayos del sol, que se reflejan en la montaña majestuosa.
Respiro profundamente el aire limpio, y descubro mil colores que ninguna paleta de pintor podría igualar. Y esos verdes... pálidos, brillantes, vivos, intensos... Y siento como se renueva la vida, también en mí.
La tarde es magnífica; los campos son los mismos, y los árboles, y las montañas...
Es éste cielo, y soy yo, y mis emociones, lo que me hace verlos hoy diferentes, convirtiendo el paseo en un momento mágico.
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